
Hace una semana ya, que no escribo y es el tiempo que se supone tras una sesión de quimio, que empiece a tener sensaciones que no sean apatía y cansancio. Durante este tiempo toda la química de mi cuerpo se ha venido abajo, existe una depresión post-quimio, claro que existe, somos pura química y si todos los niveles se encienden al mínimo, el ánimo es una losa. Yo al menos, por ahora, no consigo vencer esta batalla al tratamiento, aunque imagino que hay gente que sí lo consiga.
Cada uno lleva su guerra a su terreno y allí trata de defenderse de la adversidad. Mis sensaciones son acorde al estado de ánimo, ¡qué duro es esto!. El viernes cumplí 43 años, bonita edad para empezar a cuidarme más y cambiar más cosas. Ha sido el cumpleaños de menos llamadas por teléfono, (aunque aún así, recibí muchas) os lo agradezco que entendáis que no tengo muchas ganas de hablar, pero ha sido el cumple que más arropado que me he sentido. Los sentimientos son siempre más fuertes que las palabras, lo malo es que al mundo lo mueven las palabras, sobre todo las incumplidas y no los sentimientos, algo mal estamos haciendo, seguro. Pero bueno, ahora se acerca la navidad y los buenos gestos empezarán a florecer para después marchitarse. Sé que estas navidades serán duras para mí, que renunciaré a muchas cosas, pero sé que cada abrazo,o beso que dé, le exprimiré el jugo al máximo.