


A veces creemos tenerlo todo, una mujer que es una maravilla, amigos, trabajo, salud, una casa que te llena, en fin la vida deseada, y piensas que eso es eterno, ves que los demás tienen problemas, los sientes, pero nunca los llegas a hacer tuyo.
Así era mi vida hasta hace unas semanas, había pasado por buenas épocas y también malas, pero había superado todo y estaba en lo más alto.
De repente, un día notas en tu cuerpo un bulto sospechoso y piensas, no importa, será lo mismo que el año pasado, una operación, una semana de descanso y como nuevo. Pero empiezan las pruebas y no, no es lo mismo, la cosa no pinta bien, pero sigo siendo afortunado, tengo una mujer que es mi segundo corazón y amigos que mueven las cosas para que tenga resultados rápidos y concisos.
La cosa pinta mal, biopsia y resultado definitivo, cáncer (tumor) , como quiera llamarse, de cavum que no sé ni qué parte del cuerpo es, con metástasis en el cuello.
Te confirman esta noticia cuando estás hospitalizado, lleno de dolores, con metros y metros de gasa en las fosas nasales para frenar una hemorragia y le digo a mi mujer: "No quiero luchar".
Me alegro de haberlo hecho y dicho así, porque desde el momento que dije esa frase mi mente cambió, se paró el tiempo, había estado en una habitación con 2 personas más y ni me había dado cuenta como era su vida, tenía mi forma de ver la vida antigua, estaría allí unos días y ya está, pero no iba a ser así.
Cuando fui a la habitación me bajaron otra vez a quirófano para atajar la hemorragia, fue horrible el sufrimiento al despertar, tal vez por negligencia de alguien, pero tal vez lo merecía para aprender que ahí empezaba mi nueva vida, tenía que saber sufrir.
Cuando subí a la habitación y desperté, ví mi alrededor de otra forma, no sólo era mi habitación, conmigo estaba Paco, un hombre de 85 años, que llamaba a sus hijos (tenía 5) y jamás nadie vino a visitarle, también estaba Andrés,era de Ecuador, su mujer venía a primera hora de la mañana y por la noche, pues debía trabajar y no podía más. Tenían una hija en su país,no podían mantenerla en España y la mandaron con sus abuela, no recuerdo si llevaban 2 0 3 años sin verla. Tenían previsto poder ir a su país dos meses, para el verano que viene.
El mundo se paró, ya no era importante el trabajo,e l estrés, la hipoteca, la compra... NADA era importante que asumir: que lo más importante era uno mismo.
Tengo a mi mujer en un altar, jamás pensé que podría existir una persona así, pero esos días su humanidad y saberse dar a los demás me emocionaba, no era mi enfermera (hasta en su profesión he tenido suerte en esta vida), era la de los 3, aquella habitación era un mundo aparte, nuestro pequeño mundo, pero ella, el ser más noble que existe no tenía bastante con pasar las 24 horas casi a mi lado, con las pocas fuerzas que le quedaban salía al pasillo y le comentaba a sus compañeras enfermeras :"os veo liadas, dejarme echaros una mano" y lo hacía.
Qué extraña sensación, descubrí el trabajo por vocación, sin nada a cambio, sé que existe, todos lo sabemos, pero ¿lo hemos visto y vivido alguna vez?, yo ya sí.
Otro capítulo aparte es la familia y los amigos, de mi familia directa por precaución, mis padres son mayores y mi hermana no atraviesa una buena época, sólo avisamos a mi hermano,no tardó sino horas en presentarse en Granada y decir aquí estoy el tiempo que haga falta, horas y horas en una habitación, yo sufría al ver a mi mujer y a él allí, pero me alegraba su llegada, pues permitía a mi mujer al menos ir a casa, ducharse descansar aunque solo fuesen un par de horas, pero creo que a ella le sucede lo que a mi, no sabemos vivir el uno sin el otro, y el tiempo separados se hace eterno, no logramos que descansara bien ningun día.
Me quedó grabada la visita de uno de mis cuñados, jamás quiere pisar un hospital, pero apareció cuando aparecen las buenas visitas, en esas horas de siesta que no hay nadie y en las que aparece la gente que se va en silencio, es callado, pero el gesto me llenó inmensamente.
Pero no no puedo simplificar, sino generalizar, cómo la gente venía a última hora del día después de trabajar o antes,c uando podían. Cuñados, cuñadas, suegra, sobrinos, amigos, compañeros de trabajo, amigos, amigas de mi mujer.....y no sé quien más.....jamás podré devolver todo lo que me habéis dado y me seguís dando, no quiero dar nombres porque me olvidaría muchos pero os aseguro que en mi corazón os llevo a todos.
Recuerdo que cuando me casé mi madre me dijo:" me ha quedado grabada una frase en mi cabeza que me ha hecho llorar:"no se preocupe usted por estar lejos porque Manuel aquí tiene 8 hermanos(mi mujer, Doria, tiene 8 hermanos)" joder, eso no era una frase, era la realidad más palpable nunca vista.
Mis días de hospital eran un flujo de gente a mi alrededor que no me daba tiempo ni a pensar en mi enfermedad, no me dejaban, me empujaban adelante sin yo poner casi nada de mi parte.
Las visitas, el teléfono, era como si yo fuese lo más importante del mundo.
Mis compañeros de trabajo, mis niñas, mis "petardillas" como se llaman ellas mismas, mis jefes, mis compañeros, me colocaron en una nube, la enfermedad estaba, pero estaba en la tierra, a mí me protegía una nube que me habían creado todos aquellos que habían querido estar a mi lado.
La hemorragia se superó y volvía casa,f ue entrar en la gloria, mi casa, mis cosas, el aire que viene de la sierra, las vistas, mi sofá, mi ordenador, mi cama..no sé mi "paraíso" como me gusta llamarlo.
Una vez que estaba en ella pensaba que aquí en mi terreno, en mis dominios nada puede conmigo,q ue nada ni nadie me va a quitar la sonrisa de mis labios, que si acaso lo conseguirán unos segundos, pero nada más...
El tiempo pasa y no siento síntomas de la enfermedad, mi mujer me dice que tengo mejor cara que ella, que estoy mejor que nunca, ella quizás no lo sepa, pero es que mi vida ha cambiado, el estrés, las cosas importantes, se quedaron en un quirófano, ahora me mueve la alegría de disfrutar de mi familia, mi casa, mis amigos y sobretodo me encanta estar en casa y discutir con mi mujer sobre qué programa ver, qué comer, quien coge el teléfono, quien abre la puerta...qué bonitas son todas estas cosas. Ya me apetece coger el teléfomo y enciendo el móvil y empiezo a ver los mensajes y llamadas perdidas que he tenido. Empiezo a leer y escuchar los te quiero que me dicen y eso te dá una energía que levanta al más triste. Ahora me encanta planificar, pero no el trabajo, planificamos las visitas de las personas que me quieren y se preocupan para que no se junten muchos o se sientan incómodos, eso si que es planificación de las que gustan.
Las personas mayores son más previsibles, pero los niños son extraordinarios, poder compartir tiempo con mis sobrinos es lo más maravilloso que existe, jamás disfruté tanto de unas partidas de consola como las que hice con mi sobrino Mario, ni olvidaré la primera vez que vi tras la hospitalización a mi sobrino Luis que me vio con la venda en la cabeza y gasa en la nariz, vino corriendo a mi a darme un beso como siempre y al verme así se frenó en seco y me dice "tienes mocos" y no me quiere dar un beso, o Marta, la niña más guapa del mundo como le digo y ella asiente con la cabeza, que no me conocía y preguntaba por mí,s e descolocó al verme así. Dios qué alegría dá poder vivir todos estos momentos!
El pasado fin de semana estuvieron aquí mis padres, mi hermano le había dado la noticia, según llegaron recuerdo haber dicho: "en esta casa quien derrame una lágrima, no entrará más y le echaré", funcionó, mi madre, una persona pesimista por forma de ser o mejor, sufridora como las madres antiguas, no derramó una lágrima, solo salían de su boca:" ánimo hijo ,alegría", que buen fin de semana.
Este fin de semana volvieron a venir pero acompañados de mis primos de Barcelona y mi tío. Mi prima ha vivido una experiencia similar a la mía recientemente, y me ha dado una energía... no deja de sonreír yo creo que ni durmiendo, qué vitalidad por Dios...Otro fin de semana maravilloso..
Pero maravillosos han sido cada día de las últimas semanas, lo que aprendí en el hospital, lo que disfruté los días que fui a trabajar por gusto, las comidas e invitaciones que me han hecho la familia de mi mujer, bueno, mejor dicho, mi familia, lo son, que me han hecho engordar, pero por Dios cómo le explico a la gente cuando me vé que esperan verme con síntomas de enfermo y me ven más gordo, que esto es duro...
Soy un incrédulo y no creo en casi nada, mi mujer me lo reprocha, pero...además ella me hace reiki cada día porque cree en ello y lo hace porque cree firmemente que con ello me ayuda, yo no sé si será el reiki, su fuerza de voluntad, su deseo de ayudar o qué, pero es cierto que mis días son un río de tranquilidad y que me voy acercando más a la familia de las marmotas (por las horas de sueño) y me alejo más del humano. Mañana pidió cita en un médico de medicina china que ella dice me ayudará.. no sé cómo será la experiencia... pero he aprendido a creer en las personas e incluso en mí, vamos a ver lo que sucede, yo más que en creencias creo en las personas y en su voluntad, veremos a ver si esto también suma y ayuda, que soy muy egoísta y quiero "robar" todo lo que me ayude, que quiero volver a disfrutar de las situaciones y las personas , pero libre de toda enfermedad.